Hace algún tiempo (este blog ya tiene una edad, no se crean, el carbono catorce no engaña), poníamos por aquí unas fotos que demostraban, sin la menor duda, que las olimpiadas no son lo que parecen y que la práctica alegremente inmoderada del deporte, estudiada con detenimiento, produce monstruos (también).
Hoy, cuatro años después, podemos comprobar que la gente es muy cabezota (mira que avisamos), y que estas olimpiadas chinas no han sido diferentes a las anteriores, excepto, quizá, en el hecho de que un guepardo y un pez vela (sí, es el pez más rápido según dicen por ahí, 109 kilómetros por hora, no sé cómo nos atrevemos a bañarnos sin mirar antes atentamente a izquierda y derecha), deambulaban por Pekín disfrazados de humanos.
Aquí les dejo más pruebas de por qué un veintisiete de agosto la angustia se apodera de mí cuando pienso que dentro de nada volveré a estar en un gimnasio rodeado de inocentes criaturas ajenas al Gran Engaño de la vida deportiva.
¿Qué esfuerzos nos exige el deporte que tenemos que alimentarnos de...? ¿Qué es eso, por todos los dioses del olimpo?
Hay quién piensa que esos brazos en cruz son sólo una parte de la figura que este ser humano (probablemente) está componiendo... pues no; en realidad es un gesto de resignación ante la inevitabilidad de lo que va a suceder a continuación.
A mí me gusta cuando la gente se toma las cosas con calma. ¿Que te ponen del revés...? Bueno, qué se le va a hacer, no vamos a perder la compostura por semejante insignificancia.
¿Es, acaso, normal que una mirada baste para hacer flotar a otra persona? ¿Qué pasa cuando esa mujer pasea por la calle y va mirando así a diestro y siniestro?
Y claro, ¿qué podíamos esperar de alguien que se pasa la vida en un gimnasio, rodeado de pesas, potros, anillas y demás? Es como cuando uno está en la cárcel, que se enamora del energúmeno salvaje que te ha tocado al lado en la celda. Pues aquí...
Cada año bisiesto nos sorprenden con un nuevo deporte olímpico. No he llegado a enterarme de cómo se puntúa y de quién gana en éste.
¿Hay compañerismo en el deporte? ¿Existe esa humana preocupación por las personas que tienes a tu lado? No. Sólo importa lo que sucede en la pista; por eso nos encontramos tremendas imágenes como ésta, en la que un chino está a punto de sufrir un ataque al corazón mientras sus colegas, indiferentes, ponen cara de buenas personas a ver si el entrenador los saca de una vez.
La esgrima es el típico deporte que empezó siendo un poco bestia, ya desde épocas muy pretéritas (los combates con hachas de silex resultaban de todo menos limpios), para terminar en las más altas cumbres tecnológicas: fíjense cómo el espadachín se traga el aparatito que, una vez situado en su sitio, dará la señal de que el sable del contrario le ha atravesado limpiamente el corazón.
¿Por qué tienen que ser resistentes las prendas deportivas? Por si acaso.
Una utilidad bastante desconocida (a nivel popular, no entre profesionales, claro), del deporte: con la excusa de cualquier celebración, podemos librarnos del tipo plasta del equipo ("A ver si hay suerte y no cae en el agua")
La práctica masiva y burocratizada de tantos deportes en tan poco tiempo y reducido espacio tiene estas cosas: La inscripción de esta experta luchadora de sumo se traspapeló y acabó compitiendo (¿competir? ¿han visto una "competición" de doma?), en hípica, en la que lamentablemente no pudo conseguir diploma olímpico (por culpa de los jueces, claro). Contra lo que el vulgo ajeno a los gimnasios y estadios piensa, los y las deportistas no son polivalentes.
Dicen que el tenis no es un deporte de contacto. Falso. En dobles, la raqueta de uno puede contactar con el compañero.
Eliminado cualquier espíritu deportivo, todo vale para ganar. Yo soy juez, y me encuentro con eso delante y les doy todos los puntos que quieran, más el reloj y la cartera.
4 final
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8 comentarios:
No te hacía yo en China, aunque si haciendo este tipo de fotos tan geniales ;)
No sé si el deporte es sano viendo estas fotos pero... joder, son alucinantes ( y sin potochop ¿no? :)=
y tú eres profe de gimnasia! tiene algo que ver??
No sé qué son mejores, si las fotos o los comentarios.
Y no cometeré el error de darte envidia contándote que, por vez primera tras 43 años de síndrome posvacacional pre-escolar, éste año amasaré el placer de no enfrentarme a la chavalada sino a la apacible jubilación dentro de un par de meses.
Aunque ¿qué quieres que te diga? la ausencia de ese síndrome no quita un pequeño sabor como de nostalgia ácida allá en el fondo.
Debe de ser que uno acaba alimentándose con gusto del mismo veneno que lo mata.
Un abrazote animoso.
Las fotos son impactantes... todas, pero lo que me asombra no es el tiempo que has pasado mirándolas, sino el tiempo que has estado viendo la tele... jajajaj... Te lo sabes todo!! MJ
Dios santo, Manuel, ¿se han oído mis carcajadas en Salamanca? El clímax: la gimnasta que hace flotar a la gente.
Ja ja ja ja ja!!!(sécome las lágrimas). Ya veo que las olimpiadas no son aburridas, era yo que no sabía mirar. (Jiu jiu jiu...)
Le informo que hoy es el día del blog (tontunas que se inventa gente que tiene poco que hacer) y que, sin su permiso, he recomendado su blog en el mío.
Un abrazo
jajajaja....buenísimas, las fotos, y los comentarios!!!
Besos
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